Felipe Ortín

Escribidor


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Lali Ribalta vs El ORTINorrinco

ORTINORRINCO: Bienvenidos nuevamente, mis queridos amantes y amantas del blosss del ORTINorrinco, a esta sección del ORTINORRINCO-Escultura; en la que hoy entrevistaremos a todo un pedazo de artista…, bueno, pero no sólo a un pedazo de artista, sino al artista completo. No crean que vamos por ahí descuartizando a la gente y les hacemos interviusss a cachos. No, por Dios, soy un ORTINorrinco no Jack el Destripador. En fin, hoy nos acompaña alguien muy especial y, sobre todo, muy entera. Una mujer apasionada por la vida que ha encontrado en las artes escénicas su forma de hacer feliz a la gente que la rodea. Ella es Lali Ribalta, profesora de Bollywood y Modern Jazz en la Academia de baile Bailongu y miembra fundadora de la compañía de teatro L´Animé. Bienvenida, miembra…

LALI RIBALTA: Vaya, nunca me habían llamado miembra…, pero si usted lo dice…

OR: ¡Oh, disculpe! Cosas del directo. Quería decir: bienvenida, mi hembra favorita.

LR: Pues no sé si queda mejor esa forma de dar la bienvenida a una mujer.

OR: ¡Vaya! Perdón, es que, como ORTINorrinco que soy, aún no me queda claro cómo dirigirme a los humanos en sus diferentes vertientes sexuales. Me venía a referir que usted es mi hembra favorita como ilustre artista de la danza y el teatro. Porque usted ha sido la única mujer en el mundo que ha conseguido que yo, todo un ORTINorrinco, pudiera bailar. Y no un baile cualquiera, no. ¡Usted me enseñó a bailar Bollywood!

LR: Sí, y estuve a punto de cortarme las venas por eso. Pero aunque costó, lo conseguimos.

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El ORTINorrinco en plena actuación de Bollywood…, sí, sí, es el cabezón desgarbado que se ve en el centro

OR: Por tanto, entenderá que usted para mí es una hermosa masa de musa digna de la mesa de una misa. Usted para mí siempre será mi maestra de baile y la diosa que hizo que pudiera contonear y descoyuntar mis caderas de ORTINorrinco para siempre jamás. Usted obró un milagro conmigo.

LR: Sí, ¡y que lo diga!…, y usted acabó con mis nervios…

OR: En fin, pero no hemos venido a hablar de mí, líbreme el Cielo de hablar de mi libro (IDUS DE JULIO que podrán encontrar en http://www.sb-ebooks.es/l/idus-de-julio/) como si yo fuera un vulgar Paco Umbral cualquiera. No, aquí hemos venido para saber algo más de usted. Empecemos: usted es una payasa…

LR: Hombre, dicho así, suena feo…, se dice clown.

OR: Perdón, me falta terminología especializada. Usted es clown, bailarina, actriz e, incluso, llegó a ser trapecista. Dígame, cómo empezó Lali Ribalta en esto de la expresión corporal.

LR: Bueno, mi familia desde pequeña siempre apostó por mí en el tema artístico. Yo estuve en el Orfeó de Sabadell desde los tres hasta los dieciocho años, cantando por medio mundo. Incluso llegamos a ir a Estados Unidos para actuar con una coral protestante.

OR: ¿Es que se quejaban mucho?

LR: No, si cuando estuve a punto de cortarme las venas cuando le tuve en clase fue por algo…, ¡No, hombre, no! Era una coral protestante de religión, no que cantasen canción protesta.

OR: Bueno…, es que yo lo máximo que canto es en la ducha y tan sólo me sale la nota “Cuack”…, mis conocimientos de música son escasos…, ¡ejem! Deje su histeria a un lado y siga con su historia, por favor.

LR: Pues a parte de cantar en el orfeón, yo estudié la carrera de danza clásica, hice claqué y bailé jazz. También aprendí solfeo y a tocar el piano y el chelo. Me encantaba todo lo que fuera fusionar la música con la expresión corporal, tanto bailando como actuando. Sin embargo, al acabar la carrera tuve una lesión que casi acaba con mi carrera. Una lesión en los abductores, una osteopatía de pubis.

OR: ¡Vaya! ¿Puedo verla?

LR: ¿El qué?

OR: Pues eso.., el pubis…, digo la lesión…, digo…, esto, la osteopatía, la osteopatía…

LR: Lo que va a ver usted, como no se comporte, no va a ser una osteopatía, sino una ostia pa tí.

OR: ¡Joer, qué carácter! Prosiga con su biografía, por favor.

LR: Debido a la lesión tuve que dejar de bailar y, entonces, traté de ingresar en el Institut del Teatre pero no pasé las pruebas. Sin embargo, hice algunos módulos de circo, trapecio, acrobacias y clown. Y como acróbata y payasa, como usted dice, participé en mi primera obra de teatro que se llamaba Trapecio de Cuerdas y Cuentos, donde hacía un tipo de humor de clown bastante ácido y donde me divertí mucho. Sin embargo, ensayando haciendo piruetas, me rompí un brazo y tuve que dejarlo.

OR: Yo seré un ORTINorrinco patoso, pero vamos, usted empieza a ganarme por goleada.

LR: Por tanto, tuve que dedicarme a algo más tranquilo y comencé a estudiar mímica, técnicas de Máscara neutra o técnicas Lecocq. También, gracias a que uno de mis referentes artísticos es la Compañía La Tal, que me parecen magistrales, aposté por hacer Teatro de Gesto.

OR: ¡Ah! Sí. Yo conozco varios gestos típicos de los humanos. Yo el gesto que más suelo utilizar y con el que más expreso de mí mismo es este:

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Teatro Gestual made in el ORTINorrinco

LR: ¡Dios, qué paciencia tuve al aguantarle! En fin, cuando acabé todos aquellos estudios me encontré que no sabía qué hacer. Ya me había curado la osteopatía de pubis y podía volver a bailar. Entonces se me abrió la posibilidad de ir a la India para aprender sus danzas.

OR: Sí, según su currículum, usted baila baratanatian, mojiñaten, catackali, caloripayatu y bollywood.

LR: Se dice Bharattanatyam, Mohiniattam, Khatakali y Kalaripaiatu.

OR: Bueno, como comprenderá, con este pico de pato que me ha dotado la naturaleza como ORTINorrinco, no pretenderá que pronuncie todo eso tan alegremente, ¿no?

LR: Pues bien, a mí el Bollywood no era de los bailes que más me gustaran, pues mi preferido es el Bharattanatyam, pero un buen día, estando allí en la India, buscaban actrices rubias para pelis de Bollywood y me contrataron para actuar en ellas.

OR: ¡Vaya! Actriz de Bollywood. Es usted toda una estrella del cine.

LR: No se crea. Es duro trabajar catorce horas al día, bailando, grabando, repitiendo las escenas una y otra vez. Aunque también es verdad que tiene su parte glamurosa y de cierto prestigio. Sobre todo en la India donde adoran aquel tipo de películas. Gracias a ellas aprendí a bailar Bollywood y a entusiasmarme con él.

OR: ¿Estuvo mucho tiempo en la India?

LR: Sí, tres años. Me integré en su vida social y viví en sus barrios. Fue algo muy enriquecedor a nivel personal y espiritual y aprendí, no sólo el baile, sino también su cultura. Incluso llegué a conocer a un maestro Yogui.

OR: ¡Oh! Sí, Yogui. ¡Qué gran maestro! Aunque, personalmente, me gustaba más Bubu, era más pequeño que el oso Yogui pero más inteligente… ¿oiga, pero qué hace? Eso parece la pose de la flor de Loto…

LR: Déjeme, déjeme meditar por unos segundos para calmarme…Ommmmmmmmmmm, un poco de meditación me permitirá encontrar la paz interior para meditar si le ostio o me tomo con calma esta entrevista… Ommmmmmmm.

OR: ¿Ya?

LR: Sí, podemos seguir. Visnú me ha dicho que por ahora no le arree. En fin, tras tres años en la India, decidí volver a Barcelona a buscarme el guiso en casa. Y empecé a trabajar como profesora de Bollywood. En aquel entonces se puso de moda y fui de las primeras en impartir clases en Barcelona a buen nivel. De hecho, fui la primera en bailar en restaurantes hindúes para animar la comida de sus clientes. Durante aquella época, también trabajé en el Tibidabo en la casa del Terror y comencé a colaborar como coreógrafa en la organización de la cabalgata de Reyes de Barcelona donde, por cierto, aún sigo trabajando. Allí conocía a Rachida, profesora de danzas orientales en Bailongu y fue ella la que me introdujo en dicha escuela de baile en 2011 y donde, por cierto, soy la mar de feliz dando clases.

OR: ¿Y el teatro? ¿Cómo crea usted la compañía de teatro L´Animé?

LR: Lo cierto es que fue una cosa casual. Me hicieron un encargo para el festival EtnoEscena de Santa Coloma de Gramanet y hablé con Anna Ros para realizar un proyecto que luego nos aceptaron. Actuamos una vez y tuvo gran acogida entre el público, sin embargo, luego no encontramos mercado donde vender el espectáculo. Pero nosotras estábamos ilusionadas con el proyecto, creíamos en él, lo desarrollamos, fuimos experimentando y de ahí nació nuestra primera obra, BHRAVA! y de ahí, L´Animé.

OR: Disculpe, me he perdido, ¿animó usted a quién?

LR: ¡L´Animé! ¡La compañía de Teatro L´Animé! Dios…, ¡dame fuerzas! Ommmmmmmm…

OR: Vale, vale, de acuerdo…, oiga, vuelva…, déjese de viajes astrales ahora. Dígame, ¿cuál es la parte más satisfactoria de su trabajo?

LR: Pues como profesora de baile, la parte más gratificante es ver la progresión del alumno, independientemente de su nivel…

OR: ¡Ah! Pues usted seguro que estuvo muy orgullosa de mí…, tuve una gran progresión.

LR: ¡Dios, sí! Ya veo la progresión… En fin, que me gusta que los alumnos progresen, pero no sólo a nivel del baile, sino a nivel personal al descubrir que pueden evolucionar poco a poco. Es alucinante cuando comparan su primera clase con la última que acaban de hacer y ven el progreso que han hecho. Eso es muy hermoso…, menos en su caso

OR: ¡Touché! ¿Y como actriz? ¿Qué le satisface más?

LR: Por supuesto que los aplausos del público cuando acabas tu actuación. BHRAVA! es un espectáculo para todas las edades que emociona a los adultos e hipnotiza a los niños. Todos salen maravillados, emocionados y encantados con la actuación de humor, mimo, danza y música que les ofrecemos con BHRAVA! Es que no hay nada como llegar al corazón del público y emocionarlos.

OR: Sí, gracias a eso, tengo entendido que BHRAVA! está teniendo buena acogida.

LR: Ese es otro de los motivos que nos produce una gran satisfacción. Estrenamos BHRAVA! en el COS de Reús en 2013 y allí los programadores ya nos dijeron que teníamos mucho talento. En 2014 en el festival de Titelles de Lleida tuvimos un lleno y el público quedó encantado. Allí conocimos a nuestro distribuidor, Manuel de la empresa Agada, que se enamoró de nuestro proyecto y gracias a él estamos actuando por toda España. Estuvimos hace poco en FETEN, el festival internacional de Teatro de Gijón, uno de los más importantes de Europa. Y ahora, estaremos en Barcelona en el SAT! de Sant Andreu todo el mes de abril.

OR: Así que el mes que viene están ustedes en cartelera en Barcelona. Pues ya saben, queridos fanes y fanas del ORTINorrinco, si no quieren perderse un maravilloso espectáculo, por sólo 9 euritos, tienen la oportunidad de verlo. Aquí les dejamos las fechas en las que actúan.

BHRAVA!

OR: Y si aún les quedan dudas por despejar para ver BHRAVA! o quieren apuntarse a bailar Bollywood, les invitamos a que visiten la página web http://www.lanimetheatre.com y, aunque sea competencia desleal al blosss del ORTINorrinco, también pueden visitar el blog de Lali Ribalta http://www.laliribalta.blogspot.com.es/. Pero antes de despedirme quisiera hacerle una última pregunta…

LR: Usted dirá.

OR: ¿En serio que no me deja verle la osteopatía esa?

LR: Bueno, ¡hasta aquí la calma de mi karma!

OR: Noooooooo, noooooo, no me pegue con el tutú…, ¡por Dios! ¡Que está almidonado! ¡Ay, ay, ay…, socorro…, llamen a la protectora de animales…, SOS por el ORTINorrinco….

ESTIMADOS LECTORES Y LECTORAS LES DEJAMOS A CONTINUACIÓN CON EL VIDEO PROMOCIONAL DE BRHAVA PARA EVITAR QUE CONTEMPLEN LA VIOLENCIA ANIMAL QUE ESTÁ OCURRIENDO EN NUESTRO PLATÓ…

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El bikini

Mis queridos fanes, fanas y fanos de Idus de Julio, bienvenidos otra vez a la sección del Making of de la famosa novela, única y sin parangón en el mundo entero (porque como ésta no hay otra igual), de Felipe Ortín, burdo imitador del manco de Lepanto, Don Miguel de Cervantes Saavedra; y dónde hoy les explicaré otra de las vivencias anecdóticas que pude colar solapadamente en mi historia. En esta ocasión, hablaremos del origen del bikini.

La cosa se me ocurrió un buen día de verano cuando mi hermana me pidió que la acompañara a comprarse, precisamente, un bikini. Mi hermana es como mi mujer en el sentido de que, según ellas, “no tienen nada que ponerse”. Cosa que a mí, particularmente, me asombra cuando abro el armario de nuestra habitación, pues las camisas de mi esposa, sus pantalones, sus faldas, sus abrigos y sus fulares (¡por Diosssss, cientossss de fulares!) copan más de las tres cuartas partes del espacio y prácticamente la totalidad de las perchas, mientras que yo apenas tengo una esquinita, cuatro perchas, un cajón y dos baldas para apelmazar allí mi escaso vestuario.

Armarios

Siguiendo la regla de tres entre mi mujer y mi hermana, supuse que aquella frase significaba que mi hermana tendría un porrón de bikinis pero ya debía estar cansada de los que tenía y esa era la auto-excusa para comprarse uno nuevo. Como se trataba de mi hermana, no me quedó más remedio que acompañarla. Es mi hermana, ¡teeengo que quererla! Sin embargo, a mí, particularmente, ir de compras me produce ictericia, disfunción mental, taquicardia y, sobre todo, congelación parcial de los dedos de pies y manos en esas tiendas de moda de prêt-à-porter que más que aire acondicionado parecen tener máquinas para criogenizar a los clientes y crear estatuas de hielo con ellos. En definitiva, odio ir de compras, como supongo que a la mayoría de los varones. Dicen que hay hombres a los que les gusta ir de compras pero no sé si es un mito o son una especie en extinción como los Linces Ibéricos, porque yo jamás los he visto.

A mí, pasear entre pasillos de zapatos, estanterías de ropa, percheros de camisas o maniquíes primorosamente vestidos para “solo mirar”, me agota más que si corriera una maratón. ¡Es que no me entra en la cabeza! Debe ser porque soy ingeniero y me cuadricularon la cabeza (o a lo peor, porque ya tenía la cabeza cuadrada y por eso me hice ingeniero); el caso es que cuando necesito unos vaqueros voy a tiro hecho a por los vaqueros sin mirar ni a izquierda ni a derecha. ¡¿Para qué voy a mirar algo que no necesito?!

En definitiva, arrastrado, fui llevado al… “Centro Comercial”…, dos palabras que a mí me suenan algo así como a “Casa del Terror”, “Banco Hipotecario” o “Colonoscopia sin Anestesia”.

Una vez allí, entramos en el local de ropa y, nada más poner un pie en la tienda…, los pezones se me pusieron duros. Congelados, por supuesto.

Mi hermana quería comprar, como ya he dicho, un bikini pero, ya que la tienda estaba llena de trapitos, pues procedió a “sólo mirar”. Y pasé a uno de los dos “estados” habituales en los que me encuentro en esas situaciones. El primero de esos estados es el de “guardaespaldas”, en el cual escolto a mi mujer (mi hermana en este caso) por toda la tienda con cara de aburrido dejando escapar algún “sí” o un “no” a preguntas tales como: “¿te gusta?”, “¿qué mono, verdad?”, “¡uy, este me quedaría fantástico!”. En dicho estado, uno puede comprobar que por la tienda también arrastran los pies otros maridos detrás de sus esposas con la misma cara de pan que tú, y contestando de la misma manera a sus respectivas. Si todos llevásemos gafas de sol y pinganillo pareceríamos muchos Mr. Smiths de Matrix buscando a Neo.

Mr. smith

El segundo de los dos “estados” habituales es cuando, harto de hacer de “guardaespaldas” por toda la tienda, paso a hacer de “motocicleta aparcada”. Este estado consiste en esperar a la parienta en la puerta de la tienda, con los brazos cruzados y la cabeza ladeada, con la oreja casi pegada al hombro, como si de una moto levantada sobre su caballete se tratase, cuya rueda delantera se ladea al estar alzada. También, en esa situación, puedes encontrarte con tres o cuatro maridos más que resoplan desesperados mirando el reloj impacientes. Siempre he pensado que si pusieran un grifo de cerveza en la puerta de la tienda, sería más agradable para todos. Ellas mirando los trapitos relajadas y ellos mamando birras felices. ¡Qué falta de visión comercial! Que compras ropita, la caña gratis. Que no compras nada, pagas la caña. Incluso se podría ir de tapas pero, en lugar de bar en bar, de tienda en tienda…, “¡Mira vamos al Mango que la tapa de morcilla está de muerte!”, “¡Joer, pues los caracoles en salsa del Zara ni te cuento!”. Al final seguro que a tu mujer le quedaba bien todo lo que se pusiera… del pedo que tendrías, claro.

Eso sí que sería toda una conciliación familiar, ¡ir de compras y de tapas al mismo tiempo! Igual que hay Chiquiparks para dejar a los niños mientras estás en la tienda, se podría hacer un Chiquibar para los maridos aburridos, ¿no?

En fin, aquel día no me quedaba más remedio que perseguir a mi hermana por toda la tienda pero, al final, llegamos a los bikinis y procedimos a realizar un “Pretty Woman”, es decir, ella se iba poniendo cada bañador y me hacía el pase saliendo del probador. Eso sí, sin glamur, sin butaca para estar sentado cómodamente, sin nadie haciéndonos la pelota, sin champán, sin música y, sobre todo, sin cambios inmediatos de ropa que convierten cuarenta y cinco interminables minutos de tediosa realidad en treinta segundos de divertida película.

Cada vez que se probaba uno, a mí, particularmente me gustaba. Mi hermana tiene un buen cuerpo y, sinceramente, me parecía que todos le quedaban bien. Sin embargo, ella siempre encontraba defectos a todos, “que si no me sujeta bien”, “que se me marca mucho la chicha”, “no me gusta el color”, etc… Total, tras probarse ocho o diez diseños diferentes, desistió de comprar alguno. Como era mi hermana, y la confianza da asco, le hice ver la visión de la parte masculina de nuestra especie y que, básicamente, consiste en que:… un hombre en lo que MENOS se va a fijar de una mujer en bikini va a ser, precisamente, ¡en el bikini! Obviamente, mi hermana me mandó a la mierda…, pero yo estoy seguro que el 90% de los hombres preguntados sobre el color del bikini de una mujer que hubieran visto durante escasos segundos contestarían…: “eran operadas”.

Bikinis

En fin, de aquella anécdota, quise investigar algo más sobre el origen del bikini y averigüé que el inventor de esta famosa prenda fue un estilista francés llamado Louis Réard, quien lo presentó por primera vez el 3 de julio de 1946 en su colección de trajes de baño. Sin embargo, ninguna modelo se atrevió a ponérselo para pasearlo por la pasarela pues, en la mentalidad de la época, aquello era el descoque y el despiporre…, ¡demasiada carne a la vista! Así que la única modelo que se atrevió a lucirlo fue una bailarina llamada Micheline Bernardini, que declaró, al ver la escasa tela con la que iba a tapar su cuerpo, que aquello iba a ser “más explosivo que la bomba de Bikini”.

Y con aquella frase, el trapito quedó bautizado. Pero resulta que Bikini es un atolón paradisíaco de las islas Marshall, ubicado en el Pacífico, donde los EEUU realizaron más de una veintena de pruebas con bombas nucleares y de hidrógeno entre los años 1946 y 1958. El 1 de marzo de 1954, bien temprano, a las 06:45 de la mañana, se empeñaron en hacer una mascletá con un petardo llamado Castle Bravo que, por un “pequeño” error de cálculo de los científicos americanos, en lugar de limitarse “sólo” a los cinco megatones previstos, alcanzó los quince; ¡unas mil veces más potente que las bombas de Hirosima o Nagasaki! El champiñón nuclear que generó esparció sus cenizas a cientos de kilómetros, afectando a la salud de un millar de habitantes de las islas Marshall, arrasándolo todo y dejando una contaminación radioactiva que perdura hasta hoy en día. Y es que para hacer el animal, no hay nada como el Homo Sapiens, que cuando decide hacer el burro, se las pinta solo.

Ironías de la vida. Trabajando en la industria armamentística, cuanto más revientas, mejor. Curioso, ¿no? Yo una vez, en mi trabajo, tuve que cambiarle el toner de color amarillo a la impresora y se me olvidó quitarle la cinta que tienen de protección. Me puse a imprimir e inventé… la “impresora al curry”. Allí había más polvo amarillo que en el río Klondike en la época de los buscadores de la fiebre del oro. La impresora chorreaba tanto amarillo que parecía una destiladera de orujo de hierbas. Total, me la cargué. La bronca del jefe fue considerable. Sin embargo, en la industria armamentística, te equivocas en los cálculos, y nada… de cinco megatones te salen quince, revientas medio planeta y el jefe va y te da palmaditas en la espalda, orgulloso de ti con un “¡Ortinorrinquez, esto se merece un ascenso!”. ¡Manda cojones! Pura hipocresía humana.

Porque hablando de hipocresía y volviendo al bikini para hacer una pequeña reflexión: es sorprendente que todavía muchos tuerzan el gesto al ver un cuerpo humano desnudo, bella creación de la Madre Naturaleza, y traten de ocultar bajo ropajes lo que la propia Vida creó. Sin embargo, los billetes verdes y las armas, bárbaras creaciones humanas, van desnudas por el mundo sin que pongamos el grito en el cielo ni nos escandalicemos… ¿Sapiens? Menos mal que, a veces, dejo de ser un humano y me convierto en un ORTINorrinco que vive en paz con sus Idus de Julio…, que alegran el día y hace felices a quienes se lo leen.

Ya saben, pueden encontrarlo en: http://www.sb-ebooks.es/l/idus-de-julio/

Idus de Julio