Felipe Ortín

Escribidor

El Principio de Incertidumbre

2 comentarios

Como hoy voy a hablarles de incertidumbres, déjenme que dude entre saludarlos o no y entrar directamente en materia porque hoy vengo a contarles otra de esas anécdotas que colé en Idus de Julio, así como quién no quiere la cosa, para que no se me quedara en un ridículo panfleto de 15 páginas, en lugar de las 300 que, para su suerte o desgracia, tiene la novela.

Pues sí, porque en uno de los párrafos de la novela, como buen ingeniero que soy, nombré el Principio de Incertidumbre de Heisenberg, tan famoso en el mundo de la física como posiblemente desconocido en los vestuarios de los campos de fútbol de primera división. Vamos, que quiero decir que mucha gente tendrá un poster de Messi o Cristiano Ronaldo colgado de las paredes de sus cuartos pero dudo que haya posters de Heisenberg u otros científicos esperando a ser admirados por jóvenes chavales (salvo que te llames Sheldon Cooper o el típico poster de Einstein sonriente, con los pelos locos despeinados y sacando la lengua). En fin, que tal vez otro gallo nos cantaría si en lugar de coleccionar los cromos de la liga, los chavales coleccionaran álbumes de científicos y científicas famosos. Sería emocionante ver a los críos cantando aquello de: “sile, sile, sile, sile, nole… te cambio a Rosalind Franklin por Hipatia”. ¡Joer, lloraría de verlo!

EINSTIENPues bien, para su conocimiento, el Principio de Incertidumbre viene a explicar, con un mogollón que te cagas de fórmulas incomprensibles, que se puede determinar la posición de una partícula pero no su velocidad y a la inversa, podemos saber su velocidad pero no su posición. Para poner un ejemplo sencillo, imaginemos que tenemos una mosca cojonera, de esas que zumban molestamente, dando vueltas en círculos alrededor de nuestra cabeza a tal velocidad que no podemos verla y queremos saber dónde está. Para ello, tendremos que utilizar algún tipo de método que nos permita localizarla como, por ejemplo, poner una sustancia que pueda ser afectada por su paso de manera que podamos determinar su posición.

Pero, al hacer esto, posiblemente ralentizaremos la velocidad de la mosca, con lo cual, sabremos dónde está pero no a la velocidad a la que iba. Es decir, Heisenberg viene a decir, a grosso modo, que cuando se llevan a cabo mediciones, el observador altera el entorno y por tanto, las medidas. Por ejemplo, cuando nos tomamos la temperatura, el propio termómetro tiene una temperatura diferente a la de nuestro cuerpo, con lo cual, en cuanto ambas superficies entran en contacto, alteramos la temperatura de nuestro cuerpo antes de tomar la temperatura del mismo con lo cual nunca sabremos, exactamente, a qué temperatura estábamos. Suena a trabalenguas y a Perogrullo pero parece ser que es cierto. Eso sí, independientemente de lo anterior, si van al médico y les quiere tomar la temperatura, solicítenle siempre que se la tome en la zona axilar, evitando ano y lengua por razones obvias relacionadas con el Principio de Incertidumbre…, la Incertidumbre de saber dónde se ha metido el anterior paciente el termómetro y qué rancio sabor puede llegar a tener el termómetro.

Por otra parte, aunque no está documentado históricamente, el nombre de la teoría parece ser que se le ocurrió a Heissenberg un buen día en que su señora parienta le hizo la siguiente pregunta, como buena alemana de cerrado acento teutón: “Carrriñennn, ¿vamos a las rrrebajen del Ikea?”. Al parecer a Heissenberg le empezaron a hervir los átomos de su cuerpo, empezó a tener sudores fríos de pura física cuántica y los electrones que circulaban por sus neuronas entraron en la Incertidumbre de, o cortarse las venas o de saltar por el balcón, ya que, al parecer aquello atentaba contra sus Principios. Aunque también se ve que Heissenberg le replicó algo así como que él quería ver el fútbol y su señora también tuvo la Incertidumbre de, o arrancarle la cabeza o mandarlo a dormir al sofá. Lo dicho, que la cosa no está documentada históricamente pero es posible que por ahí fueran los tiros.

principio incertidumbre

Independientemente de lo anterior, yo no termino de creerme que podamos saber la posición de una cosa pero no su velocidad o, viceversa, que podamos saber su velocidad pero no su posición. Porque creo que hay casos en que se puede saber perfectamente la velocidad y la posición de las cosas, si no, que le pregunten a Fernando Alonso y verás como manda al cuerno a Heissenberg pues, últimamente, su velocidad es cero y su posición está en el box de Mc Laren, quieto-parao. Es decir, sabemos dónde está y a qué velocidad va.

Aunque también es cierto que Heissenberg atina en otros aspectos. Por ejemplo, cuando vas a realizar trámites a la Administración Pública pueden ocurrir dos cosas:

Si sabes la posición del funcionario (después que éste haya salido a desayunar) y logras hablar con él (después de haberte recorrido una docena de ventanillas), nunca sabrás a qué velocidad se resolverán tus trámites. Igual se aparece la Virgen y resuelves tus problemas en un santiamén o pueden pasar años hasta que lo soluciones.

Si no sabes la posición del funcionario (por más ventanillas que recorras), ya puedes saber a ciencia cierta que tus trámites se resolverán a una velocidad tan extremadamente lenta que se aproximará a un valor de cero.

Vamos, un genio este Heissenberg. En física cuántica no sé, pero, en este aspecto, la clavó.

Aunque, realmente, para genios, genios. No hay nadie como Murphy. Sí, sí. Ese sí que es un científico empírico con sus famosas leyes. Seguramente Heissenberg probaría en sus propias carnes las leyes de Murphy, como, por ejemplo, la Ley de Trabajo en el Laboratorio, esa que dice: “el vidrio caliente tiene la misma apariencia que el vidrio frio”. Por cierto, ley perfectamente aplicable a la puta cafetera metálica con la que me quemo los dedos por las mañanas.

De Murphy hay que decir, que tienes verdaderas Leyes, Axiomas y Corolarios que son irrefutables y para muestra unos botones:

LEY DE WELLINGTON SOBRE LA AUTORIDAD: La crema sube a la superficie. La mierda, también. (No hace falta ni demostrar esta ley)

LEY DE LA MENTIRA: No importa la frecuencia con la que se demuestre que una mentira es falsa. Siempre habrá cierto porcentaje de gente que crea que es verdad. (Como este artículo, seguro que hay gente que se lo cree)

LEY DE NEVERS SOBRE EL DEBATE: Dos monólogos no constituyen un diálogo. (¿Han visto alguna vez el Debate del Estado de la Nación?)

LEY DE LIEBERMAN: Todo el mundo miente pero no importa porque nadie escucha. (Ni lee, de hecho…, ¿siguen ahí?)

LEY DE KLIPSTEIN: Cualquier cable cortado a la medida exacta, será demasiado corto. (Esta ley ha conseguido hacerme hervir la sangre más de una vez)

LEY DE YOUNG: Cualquier objeto inanimado puede moverse lo suficiente como para estorbar. (Y ésta me ha generado moratones inesperados)

LEY DE KEOPS: No hay nada que no se salga del presupuesto y que se termine en los plazos previstos (y Kefren y Micerinos no aprendieron y repitieron la cagada, de hecho se murieron de esperar a que les acabaran sus propias pirámides)

COROLARIO DE JOHN: Para conseguir un crédito, lo primero que hay que demostrar es que no lo necesita. (Ustedes lo saben perfectamente, ¿verdad?)

LEY DE LA CONSTRUCCIÓN: Córtelo grande. Encájelo a patadas. (Este es una de mis leyes preferidas)

LEY DE PAUL: Es imposible caerse del suelo. (No termino de creérmela. A veces me he caído incluso del suelo)

AXIOMA DE CAHN: Cuando todo falle, lea las instrucciones. (Si las resumieran y las escribieran con letras más grandes, igual alguien se leía primero las instrucciones)

REGLA DE SUTIN: De todas las cosas que se pueden hacer con un ordenador, las más inútiles, son las más divertidas. (Cierto)

Tabla de excusas

LEY DE FULTON SOBRE LA GRAVEDAD: El esfuerzo para coger al vuelo algo que se pueda romper producirá un desastre mayor que dejarlo caer. (Yo he conseguido generar el apocalipsis por evitar que una copa de vino cayera sobre una mesa repleta de comensales)

AXIOMA DE COLE: La cantidad total de inteligencia en el planeta Tierra permanece constante. La población, sin embargo, sigue aumentando. (¡Mamones!, ¿dónde está mi parte?)

LEY DE WITZLING SOBRE LOS HIJOS: Su hijo/a tímido e introvertido escogerá un lugar público y lleno de gente para probar, a grito pelado, su nuevo vocabulario: coño, joder, puta, etc… (conseguí ruborizar a mi madre varias veces)

REGLA DE MARX SOBRE LA POLÍTICA: En cuanto se hacen ricos, se vuelven conservadores. (¡Mierda! Entonces sigo siendo un jodido y pobretón liberal)

REGLA DE LA POLÍTICA: La verdad, varía. (Siempre hay más de un punto de vista o suficiente Alzheimer para olvidar lo que dijiste una vez, como bien reza el refrán: Donde dije digo, digo Diego)

En fin, después de leer todas estas leyes, no me dirán ustedes que el Murphy ese no era un genio y más divertido, sobre todo, que Heisenberg y su Principio de Incertidumbre. Eso sí, jamás tengan ustedes la Incertidumbre de escoger entre Idus de Julio u otra novela, ya les doy yo la certidumbre de que, Idus de Julio, es cojonuda.

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2 pensamientos en “El Principio de Incertidumbre

  1. Murphy y Heisenberg…que grandes!!!! ja,ja,ja…
    Gran artículo compañero!!! sigue así que me has alegrado la tarde!!!!!

    Besitos;
    Anna

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  2. Heisenberg era más serio y Murphy, aparte de un cachondo, un pelín cabrón…, siempre sucede lo que plantea

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