Felipe Ortín

Escribidor


6 comentarios

El faisbu

Bueeeeeeeeeeenas, saludes a todes (que así me ahorro el “saludos y saludas a todos y todas”); hoy en el blosss del ORTINorrinco les explicaré cómo y por qué vendí mis más básicos principios y pasé de ser un ser que se oponía a ser un ser usuario del Facebook y del Whatsapp, a convertirme en un activo y dinámico semi-adicto de ambos.

Sí, yo, como buen ORTINorrinco, era un fiel activista anti-faisbuk y anti-guasap hasta que al panoli de Felipe Ortín le dio por publicar Idus de Julio, su novela, y debía venderla de alguna manera. Obviamente, había varias posibilidades como: instalarse en las ferias junto a los mercadillos de hippies, alquilar una furgoneta con un megáfono y anunciarla a rebuzno pelado como si fueran sardinas frescas o, bien, alongarse al mundo digital y tratar de hacer publicidad de la novela a través de las redes sociales.

Megáfono

Megáfono que me compré para rebuznar a los cuatro vientos la existencia de Idus de Julio

En definitiva, dones y doñas, ñoras y ñores, que sí, sucumbí al Facebook y me tragué mis palabras, aquellas que juré, por la cuquita del niño Jesús, que nunca traicionaría y que defendería a capa y a espada: “Jamás entraré en esa chorrada del Facebook”…, pues ni a capa, ni a espada, vamos, con papitas arrugadas y mojo picón que me las comí. En definitiva, que se cumplió el famoso refrán que dice: “nunca digas: de este agua no beberé, este cura no es mi padre y esta polla no me cabe”. (Sí, lo sé, es soez, pero yo no tengo la culpa de que así sea el refranero español).

Sí, traicioné mis principios para conseguir otros finales. ¿Y por qué me traicioné a mí mismo? Sinceramente, por el dólar, por el euro. Sí, porque, ¿quién no esputa al oír hablar de dinero?… perdón, reformulo la pregunta: ¿quién no es puta al oír hablar de dinero? (cómo cambia el significado de la pregunta por un simple espacio en blanco, ¿eh?). Pues sí. Soy un vendido. Vendí mis principios para que Felipe Ortín pueda vender su librito de marras, es decir, Idus de Julio, y a ver si así podemos vivir honradamente del Cuento y nos retiramos. Vamos que prostituí mis creencias para vender un producto y mi coherencia conmigo mismo quedó dilapidada, aunque, como tengo doble personalidad, puedo elegir la del ORTINorrinco o la de Felipe Ortín para evitar sentir remordimientos.

Así que, finalmente, di el paso e introduje mis datos en Facebook por primera vez. Y me sentí como el mono de la película de “2001 Odisea del Espacio”, cuando lanzaba al aire la tibia de un dinosaurio y esta giraba etérea mientras sonaba la famosa canción: chan, chan, chanchan, chanchan, chaaaaaaaaan, chaaaaaaaaan, chanchaaaaaaan!!!! De repente, al escribir los datos en el “Registrar” de Facebook, de ser el ORTINorrinco Cromagnon piloso que era, me convertí, súbitamente, en un ORTINorrinco Sapiens Sapiens bello y sin vello. Vamos, como si me hubiera dado la depilación láser con una fregona por todo el cuerpo. Instantáneamente, de ser un troglodita, me convertí en un avanzado ser del siglo diecinueveinteyuno. El cavernícola y anarquista digital que era salió de la gruta para entrar en las Redes Sociales. Y el fémur que había lanzado al aire, y que aún seguía girando, caía sobre mi cabeza con la banda sonora de 2001 de fondo: “Tantantantantantantatantan”. Y vi la luz… y las estrellas, por el efecto del porrazo del hueso.

Odisea 2001

Yo cuando era un ORTINorrinco Cromagnon piloso horroroso.

Una vez introducidos mis datos en Facebook, tuve que recurrir a la ayuda de mi santa y paciente esposa para que me explicara cómo funcionaba el rollo, como si yo fuera un niño de dos años (de los antiguos, porque los de hoy en día usan los pulgares a una velocidad asombrosa para jugar en cualquier dispositivo digital que ni Billy el Niño con sus pistolas).

Total, que si esto es tu Biografía, que si aquí puedes Comentar, Compartir y Megustar cada cosa que aparece. Que si esto es tu Muro. ¿Cuál? ¿El de Berlín? ¿El de las Lamentaciones? Pues no, durante algunos momentos se convirtió en el Muro de las Imprecaciones, ya que se me escaparon unos cuantos juramentos porque me hice la picha un lío y no sabía cómo puñetas funcionaba ese rollo (y mira que es bien sencillo). Bueno, aprovechando la mala baba que me entró, y la saliva que salpicó el monitor, aproveché para pasarle un pañito y quitarle el polvo a la pantalla, que estaba llena de mierda.

En definitiva, tras una retahíla de instrucciones y collejas por parte de mi parienta, conseguí comprender que el Muro no deja de ser como el corcho que teníamos colgado de jóvenes en nuestras habitaciones donde pinchábamos con chinchetas nuestras fotos de pedos, borracheras, novias/os o ídolos/las, con la diferencia que, entonces, sólo las veíamos nosotros y ahora, las ve todiós. También me recuerda el Muro a los imanes de la nevera bajo los cuales colgamos el calendario del cole con la foto de nuestros hijos, la lista de la compra o todo aquello que no se nos puede olvidar y, al final, siempre descuidamos. Sin embargo, la diferencia fundamental que veo con el Facebook es que es como los post-its. La gente va pegando uno encima del otro y llega un momento que el tamaño del taco de hojitas amarillas alcanza una altura considerable y, al final, ya no sabes qué estás viendo o no ves lo que otros han ido pegando en la tonga de post-its.

Otra cosa curiosa del Facebook, aparte de que como te descuides engancha más que la metadona, es que haces amigos con una facilidad pasmosa. Me he pegado toda mi vida para conseguir hacer cuatro tristes amigos y, de repente, en menos de dos días conseguí hacer más de cien. Presionante, Im, Presionante. En las escuelas deberían dar tablets para que los niños se relacionaran ya directamente con Facebook. Yo, de joven, me hubiera ahorrado aquello de Cabezón y Cuatro Ojos con tan solo colgar en mi perfil una foto de Robert Reford de jovencito y, hoy en día, no sería un adulto traumatizado con personalidad disociada y capaz de escribir estas historias para poder socializarme y tener amiguitos…

Pero no sólo no traicioné esos principios sino que también derribé otros muros que aún quedaban en pié. Me instalé el Whatsapp. Desde entonces, por fin, soy un ser intercomunicado con todo el mundo y puedo relacionarme con otros ORTINorrincos mediante frases cortas que no dicen nada, caritas sonrientes o enojadas, emoticonos, y largas conversaciones vía chat que se acortarían y nos harían estar más cercanos si usásemos el teléfono para lo que se inventó…¡Para hablar con el otro!!!! Porque que ya casi nadie recuerda para qué sirve para eso del TELES+FONOS (Lejos+sonido) y se usa para casi todo menos para hablar. De hecho, estoy buscando alguna aplicación en el móvil que me permita hacer unos huevos fritos sin tener que usar la arcaica y cutre sartén de toda la vida.

huevos fritos.jpg

Llegará el día en que el móvil sea capaz de hacerme estos huevos fritos

En fin, si cuando me instalé el faisbuc me sentí cómo el Homo Antecessor descubriendo el fuego, cuando un colega mío me descargó e instaló el guasap en el teléfono (sí, mucho Ingeniero de Telecomunicaciones que soy, pero puta idea para descargarme la aplicación), me sentí como Arquímedes cuando descubrió su principio… Sí, me dieron ganas de salir en pelota picada a la calle, con el badajillo pendulando de lado a lado, y gritar: “Eureka, lo encontré, lo  encontré: todo cuerpo que se sumerge en guasap experimenta un empuje hacia el móvil proporcional al número de teléfonos que guarda en su agenda”

Pues sí, aquel fue un paso más en mi evolución como mamífero. Así, en breve, siguiendo la teoría de la evolución, se me comenzarán a estirar los pulgares y éstos se moverán sobre el teclado del móvil como las pinzas de un cangrejo devorando su pitanza. Por ahora, voy de tecla en tecla, pulsando cuatro a la vez con las morcillas que tengo por dedos.

En fin, lo curioso es que, ahora, aquellos amigos que tanto daban por saco insistiendo en que me pusiera el guasap de una puñetera vez, hoy en día se arrepienten de haberme dado tal consejo pues me dedico a crear listas de difusión y bombardearlos para que se compren Idus de Julio o que se lo vendan a sus amistades. ¡Vida cruel! Crearon un monstruo.

Eso por no decir que cada vez que publico en el Facebook, entro cada cinco minutos, como un panoli, para comprobar cuántos Megustar tengo mientras pienso: “Venga, cabrones, denle al Me gusta, que sólo llevo dos, josdeputa”…, curiosamente, lo mismo que pienso cuando hago mis entradas en el blosss y nadie hace ningún comentario… Y no miro a nadie…, querido lector…