Felipe Ortín

Escribidor


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Las Rebajas

¿Pasóoooo, peña? ¿Cómo les va, troncos? Disculpen mi forma de saludar hoy pero es que ya estoy algo cansado del “hola y holo a todas y todos” y todo ese rollo para guardar la compostura y parecer un tipo formal, pero como ya llevamos tanto tiempo juntos, me he permitido la licencia de coger un poco de confianza.

Pues bueno, como ya sabrán, hoy toca la anedoctita de Idus de Julio, para variar y seguir con la secuencia de publicaciones que tiene este blosss (cuya idea no es otra que conseguir que se lean y me vendan Idus de Julio por el mundo mundial…, y bueno, vale, también para intentar sacarles una sonrisa y que se desconecten del mundanal ruido por unos minutos).

Pues lo dicho, hoy vamos a explicarles una de esas ideas que traté de insertar en la novela pero que no había tu tía de colarla sin que chirriase como las bisagras de las puertas de la mansión de Drácula. Así que tuve que omitirla, aunque el personaje principal de la novela sí que se ve arrastrado a sumergirse en la vorágine que supone un evento que se produce dos veces cada año.

Y ustedes se preguntarán de qué acontecimiento se trata. ¿Qué evento se repite dos veces al año? ¿El equinoccio? ¿El solsticio? ¿La llegada del recibo del seguro del coche? ¿El rito de apareamiento entre el Homo y la Homa Sapiens?

No, no, qué va. Nada de eso. Es un acontecimiento que arrastra y aplasta masas. Un acontecimiento que lleva a cientos de personas a apretujarse con un solo motivo, salir a la caza de…, ¡la ganga! Una caza sin cuartel en la que el Homo y la Homa Sapiens dejan lo de Sapiens a un lado y se quedan tan sólo en Homo y Homa para abalanzarse sin piedad sobre cualquier pieza que puedan capturar y arrebatar a otro rival de su misma especie. Es decir, hoy hablaremos del… origen de las rebajas.

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Pues bien, parece ser que el invento de las Rebajas se le ocurrió a un tal Fred Lazarus Jr. sobre los años 30 del siglo XX. Fue de los primeros empresarios en dar nuevos enfoques de venta a sus productos, creando las primeras líneas de crédito, en las que ofrecía a los clientes la posibilidad de “consumir ahora y pagar más tarde”. Después, con el tiempo, los slogans se irían refinando como aquel que decía: “Busque, compare y, si encuentra algo mejor, cómprelo” con el que nos querían vender el detergente Colón…, y también con el que muchas parejas se rompieron cuando uno de los dos cónyuges conseguía encontrar “algo mejor”. Y, hoy en día, con la modernidad, los anunciantes ya directamente atentan contra nuestra inteligencia para vender sus productos y nos machacan con aquello de “yo no soy tonto” que a mí, particularmente, cada vez que veo al hipster ese pelirrojo convulsionarse como un epiléptico en el anuncio me dan ganas de cogerlo por las barbas y, usando una lija del cuatro, frotársela hasta raparlo al cero (escroto incluido).

bolas de billar

En fin, volviendo al tema, otra de las ideas del tal Lazarus sirvió para solucionar el cómo dar salida al excedente de ropa que no se había despachado y que se quedaba en sus estanterías. Pensó en crear unas jornadas específicas, finalizada cada temporada, en las que ofertar todo el género sobrante a un precio más económico y se dio cuenta que le salía más rentable deshacerse de él por un valor inferior, que tenerlo acopiado en los almacenes. Aunque sinceramente, yo, hoy en día me planteo, si unos zapatos cuestan 90 euros en la temporada normal, y me descuentan un 70% en las rebajas, ¡chiquito margen se ganan cuando no están en rebajas!, ¿no? ¿Cuánto les costará realmente el producto? En fin…

Pues bueno, otro de los logros del tipo este fue que, en 1939, convenció a Franklin Delano Roosvelt para cambiar la celebración del Día de Acción de Gracias; que tradicionalmente se festejaba el último jueves de noviembre, ya que al día siguiente comenzaban las compras de Navidad. Fred Lazarus, consiguió que el Presidente de los EEUU adelantara esta fecha una semana y, con ello, alargó siete días el periodo del negocio de las Navidades. ¡Y es que no hay tradición que resista el embate de un buen puñado de dólares! Un poco de pasta más y seguro que hubieran retrasado la Navidad al 30 de diciembre, pero eso ya cantaba mucho.

En definitiva, gracias a este señor, dos veces al año nos vemos empujados a ir a los centros comerciales, esos que en invierno tienen la calefacción a todo trapo para guisar a sus clientes y en verano la refrigeración para criogenizarlos. Aunque bueno, hablando de frio y calor, que sepan ustedes que la ubicación de la mercancía no es fortuita sino que está sibilinamente pensada. Así pues, las tiendas dividen su geografía en zonas calientes y zonas frías. Las calientes corresponden a aquellas áreas por dónde se canaliza la circulación “natural” de los clientes, y las frías son los espacios más inaccesibles y menos visibles. Lógicamente, en las primeras se ubica el género cuya salida quiere potenciarse, mientras que en las segundas se colocan los bienes de primera necesidad o de mayor frecuencia de compra. Por tanto, antes de alcanzar las zonas frías, se ha de pasar por las calientes y, de esta manera, poder ver “obligatoriamente” otros productos no indispensables pero sí apetecibles. ¡Ese es el reverso tenebroso de la psicología!

Y no sólo eso, para mantener al cerebro distraído y forzarlo a realizar desembolsos no previstos, un factor con el que se juega es con el de la música, ya que está comprobado que afecta a las ventas y al estado anímico de los seres humanos. Unos acordes a un elevado volumen fomentan un tiempo menor de permanencia en el reciento, mientras que una melodía suave prolonga la estancia del público; asimismo, se ha estudiado que con los ritmos lentos se aumentan los ingresos un treinta y cinco por ciento. Por esta regla de tres, parecería que todos los locales deberían poner en su megafonía agradables y relajantes sinfonías pero esto depende del tipo de negocio pues, por ejemplo, a un restaurante de comida rápida le interesa tener sonidos fuertes con compases veloces, ya que, también está comprobado, este tipo de composiciones incita a masticar más deprisa, con lo que la rotación de mesas es mayor. Retorcido, ¿no es cierto? Pero ya sabemos que lo que importa aquí es la pela. Y si no, pregúntense por qué van tan felices por el super empujando su carrito de la compra cuando suena aquello de “MercadooooOOOOoonnna”

También se ha verificado que la música clásica incrementa la adquisición de vinos más caros,  que la alegre anima al consumidor pero, sin embargo, es la música triste la que produce intenciones de gasto más altas. Tal vez sea por eso por lo que algunas personas cuando se sienten deprimidas se lanzan a ir de compras.

En definitiva, que después de todo esto, yo ya no sé si ponerle música al blosss y de qué tipo para conseguir que ustedes me compren Idus de Julio, que no está rebajado ni nada, pero es un producto cojonudo.

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FELIPIz Navidad

Estimados leedores y leedoras, en estas fechas tan señaladas, es un motivo de gorda satisfacción…, sí, sí, gorda satisfacción, no honda satisfacción, porque es que ya me supuran los polvorones hasta por las orejas y he tenido que hacerle tres agujeros más al cinturón debido al empacho de la cena de Navidad, a las burbujas de la sidra El Gaitero de la comida de Navidad y a la indigestión que me produjo la cena de empresa por el exceso de radicales libres alcohólicos (y con esto no me refiero a encapuchados tirándoles cócteles Molotov a la policía sino a los radicales químicos que se escaparon de las copas bien cargaditas de licor que me mamé después de dicho evento).

En fin, que en estas fechas tan señaladas, sería todo un desperdicio tirar mi calidad literaria matándome a escribir una entrada para este blosss cuando todiós va a estar de fiesta, jarana y vacaciones persiguiendo a los Reyes Magos dentro de los centros comerciales…, aunque yo siempre pensé que los Reyes Magos venían de Oriente, no que los muy mamones se escondiesen en el puñetero Carrefour o en el Corte Inglés. Porque mi verdadero trauma infantil no fue descubrir que los Reyes Magos fuesen los padres sino que los Reyes Magos se escondían en estos infernales lugares…, eso sí que fue traumático, sobre todo para mis ahorros.

Pero bueno, como iba diciendo, es un motivo de gorda satisfacción haberles tenido de fieles y fielas lectores y lectoras hasta la fecha y, aprovechando la coyuntura de la situación, permítanme que hoy tan sólo escriba cuatro líneas para FELIPIcitarles las fiestas…, aunque…, bueno…, esto no es más que una burda excusa para esconder que no tenía nada preparado para la entrada de esta semana.

Aún así, aprovechando este pequeño detalle sin importancia, de parte mía y del ORTINorrinco, tan solo desearles a todos y todas que pasen estos días con la gente a la que quieren, y que les quiere, y que el año que viene sigan teniendo sueños e ilusiones con las que disfrutar cada momento de sus vidas porque sólo tenemos una y debemos aprovecharla al máximo. Disfruten de los buenos momentos y cuando lleguen los malos tragos tómenselos con el mejor humor posible porque, como decía Eduardo Galeano, el humor tiene la capacidad de devolverte la certeza de que la vida vale la pena. 

Por tanto, ahí estoy, intentando que la vida valga la pena dejándoles algo de humor de vez en cuando porque a mí, particularmente, sacarles unas sonrisas me hace muy FELIPIz.

Gracias por sus risas y por estar ahí.

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